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domingo, 24 de mayo de 2015

La envidia tiene dos caras

Dos Frutos de la Envidia




La tenebrosa mano del pecado, se apoderó del frágil corazón de Caín y la estrujo de tal manera que oscureció ser ya confundida mente. Confundida, al no entender porque la ofrenda de Abel, era más agradable a Dios que la suya. Y con el orgullo lastimado cogió una inocente piedra y  la descargó con toda en la nuca de su hermano, convirtiendo a esa piedra en arma de homicidio. Este es el primer fruto de la envidia. Junto con la violencia, la crueldad y el desatino.


Pero Dios que es tan sabio pero sobretodo justo. Creó la contrapartida; otro fruto de la envidia que engrandece al hombre. Es el fruto de la superación, es lo que los sabedores del alma humana lo conocen como la “Sana Envidia”.


Si Caín en vez airarse por la mejor ofrenda de Abel, se hubiera propuesto la siguiente vez a hacerlo mejor otra hubiese sido la historia.


El primer fruto de la envidia es destructivo, cruel y despreciable. Rompe toda ilación con Dios, con la sociedad y consigo mismo. El segundo fruto es constructivo, generoso, leal, asociativo, altruista, etc. Usa esa envidia como estímulo personal.


Por todo esto dice Jesús:


“Por sus frutos los conocereis”  

martes, 5 de mayo de 2015

Dos virtudes que cambiarían el mundo.

La fidelidad  y la lealtad



  


La fidelidad es la lealtad a todo tipo de relación; una amistad, un matrimonio o cualquier forma de unión sentimental. Y La lealtad es la fidelidad a la amistad. A toda persona con quien se mantiene una relación amical y a toda palabra empeñada.

Estas dos virtudes; indesligables, inseparables, convergentes e indisolubles, son incontrastables: no puede haber alguien que sea fiel y desleal o un infiel que sea leal, se crearía una contradicción, pues, el infiel será desleal por siempre y el desleal nunca podrá ni será fiel.

La fidelidad y la lealtad, son los soportes del edificio social, sus columnas y sus vigas. Sin estos dos factores cohesionadores, la sociedad se sacudirá y no se podrá sostener. La buena fe, la credibilidad, la confianza, la seguridad, los contratos, el comercio, los tratados internacionales subsisten en función de estos dos elementos, inclusive el presente y el futuro.

El infiel es un infeliz que buscando la felicidad propia, hace infelices a los que le quieren el bien. El desleal es inconforme, irresponsable, e incapaz de ser fiel a todo compromiso destruye toda relación humana.
Ambos son propensos a la mentira y a al engaño, sobre todo, a la corrupción. La infidelidad de Adán y Eva a Dios abrió las puertas del pecado; la deslealtad de Caín hacia Abel provocó el primer homicidio (fratricidio). La fidelidad propicia la paz; la deslealtad provoca la guerra.

¿Cómo puede esta humanidad desconcertada volver a recuperar estas dos “Virtudes”?.
Hay un solo camino defender la institucionalidad matrimonial. Nunca como hoy este sacramento ha sido relativizado, despreciado, minimizado, ridiculizado y hasta mongolizados a todos aquellos que la defienden.

El matrimonio es la mejor escuela para cultivar la fidelidad y lealtad. Es el espejo donde de reflejarán todos aquellos que heredarán y constituirán el futuro: Los hijo, el amor y la amistad están comprometidos con estos dos valores.

¿Qué sería de este mundo si llegaramos a olvidar estas dos joyas y lo desechamos?
Yo pienso que el caos total… Y ustedes, ¿qué opinan?


Un versículo del Salmo 85 nos recuerda que: 

"Cuando la misericordia y la felicidad se encuentran la justicia y la paz se buscan."